MADINA SOUANE (la otra cara de la moneda)

…hasta que un buen día, dos médicos en su primer año de pediatría me escribieron un mail ofreciéndose para ser voluntarios durante tres semanas en verano… y sin pensarlo dos veces, aún no sé ni cómo ni por qué, todos aquellos niños talibes me vinieron como un flash a la cabeza. Me di cuenta de que las conversaciones con Salif, y lo que mi corazón había registrado de aquella primera visita a Madina Souane estaba dormido en algún rincón de mí, esperando ser desvelado con tolerancia, obertura, respeto y mucho cariño. Llamé a Salif para hacerle la propuesta de una loca experiencia en Madina Souane durante unos días con dos pediatras… ¿Querría la familia del Khalif aceptar que viésemos en Madina Souane y trabajásemos con su población? ¿Aceptarían a unos blancos europeos no musulmanes visitando y aconsejando a sus niños y niñas, y a sus madres? ¿Cómo tendríamos que ir vestidos? ¿Qué normas deberíamos seguir? ¿Estarían dispuestos y preparados los dos pediatras de Can Ruti?

Pero todo fue un sí detrás de otro sí y la decisión no se hizo esperar. en una semana estaba todo ligado, y todos los implicados digiriendo la aventura en la que nos íbamos a embarcar.

Podría dedicar un artículo entero a hablar del trabajo y de la actitud extraordinaria de los dos pediatras, y otro artículo para hablar del trabajo y de la actitud de Salif, pero éste no es el artículo adecuado… este artículo pretende decirle al mundo lo que encontré en Madina Souane.

Madina Souane es un centro de PAZ, TOLERANCIA y EDUCACIÓN. Es un centro en el que se promueve un islam abierto y comprometido, y un Allah que valora a las personas por sus actos y no por sus creencias. Una población que rechaza sin reservas cualquier forma de violencia a causa de la religión.

El Khalif, bajo su túnica (que vista de cerca estaba algo raída y agujereada) se muestra como una persona sencilla, un aciano adorable con una responsabilidad abrumadora que lleva con alegría y paz. Una persona que adora los niños y habla con afecto a los jóvenes. Un anciano que recibe con agradecimiento cualquier muestra de cariño, una caricia en la mano o un beso en la frente. Una persona con mucho sentido del humor que ríe a carcajadas con las bromas más inocentes y te hace sentir en familia. Una autoridad moral indiscutible que vela y se preocupa por su pueblo y especialmente por los talibes.

En esa semana reconocí, comprendí, y viví  la otra cara de la moneda.

Espero y deseo seguir trabajando en Madina Souane y para Madina Souane, y colaborar extendiendo su mensaje donde ellos no pueden llegar. Volveré con proyectos e ilusiones, y sobre todo con respeto, determinación y ADMIRACIÓN.

 

MADINA SOUANE (una cara de la moneda)

 

Llegué por primera vez un día de julio del 2015. Salif, en el marco de la profunda amistad que nos une,  quería que pusiera los pies al menos una vez en un lugar que para él es tan importante. Un poblado que a la vez es un centro religioso musulmán, con toda la jerarquía: el Khalif, su amplísima familia, 400 talibes (discípulos) y una población de unas 1000 familias.

Y rápidamente, de modo automático, te vienen a la cabeza y al corazón los signos de alerta que los prejuicios nos mandan sin darte un respiro: centro musulmán, talibes, khalif, ¡¡¡ALERTA!!! Soy una mujer, blanca, cristiana, libre e independiente, así que a ver con lo que me encuentro… Y claro, lo que “vi” reforzó todas mis sospechas: un khalif anciano en una estancia lujosa, con varios hombres de diversa edad  atendiéndolo con actitud de servidumbre; adultos con rango que mandaban sobre jóvenes que caminan con la cabeza gacha, y muchos niños descalzos y muy mal vestidos que no se atreven a acercarse a mí ni a sonreir… Y para rematar,  en la entrada del recinto, una construcción en activo de lo que será la mayor y más importante mezquita de la región. Ahí va toda mi rebeldía y mi convicción: se gastan el dinero en sus túnicas y en construir una mezquita enorme mientras los niños (sólo niños!) no están cuidados ni atendidos, y las niñas no tienen lugar.

Compartí mi percepción con Salif, que sin intentar convencerme de nada, me explicó algunos detalles de su percepción de la misma realidad y respetó que yo no cediese a sus explicaciones… Me contó que el Khalif mantiene a los talibes, que llegan de todas partes del país e incluso de países vecinos para que sean educados e instruidos en Madina Souane y no en otras daaras (escuelas coránicas), y que él trabaja sin descanso para alimentarlos, alojarlos, atenderlos médicamente cuando es necesario y darles una formación coránica que les convierte en personas con futuro, solicitadas para conferencias y actos religiosos en el Senegal y en el extranjero.  A ambos nos quedó clara la visón del otro y ambos nos mantuvimos en nuestras creencias y mentalidades al respecto.

Así finalizó el día, con un flash de una cara de la moneda, flash que no se quedó ahí, que se gravó en algún rinconcito de nuesta mente y nuestra alma y fue haciendo su labor hasta…

 

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Conocer

Uno viaja a un país por primera vez y le parece que ha conocido un lugar, con sus paisajes, sus monumentos, sus pueblos y ciudades, y hasta quizás sus gentes.

Si el viaje lleva la etiqueta de solidario, entonces uno se centra en las personas, las familias, las condiciones de vida, las costumbres, y uno cree que los ha conocido más, mejor, desde dentro, que ha vivido como ellos, ha comido su comida y se ha integrado.

Si la etiqueta va un poco más lejos y se trata de un voluntariado, el convencimiento va también más lejos, y uno cree que además de conocerlos se vincula con ellos, los comprende y los ayuda lleno de cariño y de preocupación.

En mi caso, CONOCER es el proceso más largo, duro y apasionante. Es como una adicción.

CONOCER a la gente que habita en un pequeñísimo rinconcito del mundo, su entorno, su cultura, sus creencias, sus prioridades, sus sueños, su sociedad.

CONOCERLOS a ellos, a cada una de las personas con las que me cruzo, convivo y me relaciono en mayor o menor medida.

CONOCERME a mí misma, porque es entre ellos y en su entorno donde encuentro mis límites y mi fuerza, mis luces y mis sombras más profundas, me descubro habilidades e intuiciones que no sabía tener, y choco con intolerancias y mezquindades que creía superadas.

CONOCER de ellos y con ellos me hace avanzar, me aporta autenticidad, me transforma y me enamora.

Y por ello me pregunto cada día de mi vida: ¿qué CONOZCO en realidad?

“Sólo sé que no sé nada”        Séneca

 

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Cada choza, un mundo a descubrir, con respeto e infinita humildad