MADINA SOUANE (una cara de la moneda)

 

Llegué por primera vez un día de julio del 2015. Salif, en el marco de la profunda amistad que nos une,  quería que pusiera los pies al menos una vez en un lugar que para él es tan importante. Un poblado que a la vez es un centro religioso musulmán, con toda la jerarquía: el Khalif, su amplísima familia, 400 talibes (discípulos) y una población de unas 1000 familias.

Y rápidamente, de modo automático, te vienen a la cabeza y al corazón los signos de alerta que los prejuicios nos mandan sin darte un respiro: centro musulmán, talibes, khalif, ¡¡¡ALERTA!!! Soy una mujer, blanca, cristiana, libre e independiente, así que a ver con lo que me encuentro… Y claro, lo que “vi” reforzó todas mis sospechas: un khalif anciano en una estancia lujosa, con varios hombres de diversa edad  atendiéndolo con actitud de servidumbre; adultos con rango que mandaban sobre jóvenes que caminan con la cabeza gacha, y muchos niños descalzos y muy mal vestidos que no se atreven a acercarse a mí ni a sonreir… Y para rematar,  en la entrada del recinto, una construcción en activo de lo que será la mayor y más importante mezquita de la región. Ahí va toda mi rebeldía y mi convicción: se gastan el dinero en sus túnicas y en construir una mezquita enorme mientras los niños (sólo niños!) no están cuidados ni atendidos, y las niñas no tienen lugar.

Compartí mi percepción con Salif, que sin intentar convencerme de nada, me explicó algunos detalles de su percepción de la misma realidad y respetó que yo no cediese a sus explicaciones… Me contó que el Khalif mantiene a los talibes, que llegan de todas partes del país e incluso de países vecinos para que sean educados e instruidos en Madina Souane y no en otras daaras (escuelas coránicas), y que él trabaja sin descanso para alimentarlos, alojarlos, atenderlos médicamente cuando es necesario y darles una formación coránica que les convierte en personas con futuro, solicitadas para conferencias y actos religiosos en el Senegal y en el extranjero.  A ambos nos quedó clara la visón del otro y ambos nos mantuvimos en nuestras creencias y mentalidades al respecto.

Así finalizó el día, con un flash de una cara de la moneda, flash que no se quedó ahí, que se gravó en algún rinconcito de nuesta mente y nuestra alma y fue haciendo su labor hasta…

 

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Conocer

Uno viaja a un país por primera vez y le parece que ha conocido un lugar, con sus paisajes, sus monumentos, sus pueblos y ciudades, y hasta quizás sus gentes.

Si el viaje lleva la etiqueta de solidario, entonces uno se centra en las personas, las familias, las condiciones de vida, las costumbres, y uno cree que los ha conocido más, mejor, desde dentro, que ha vivido como ellos, ha comido su comida y se ha integrado.

Si la etiqueta va un poco más lejos y se trata de un voluntariado, el convencimiento va también más lejos, y uno cree que además de conocerlos se vincula con ellos, los comprende y los ayuda lleno de cariño y de preocupación.

En mi caso, CONOCER es el proceso más largo, duro y apasionante. Es como una adicción.

CONOCER a la gente que habita en un pequeñísimo rinconcito del mundo, su entorno, su cultura, sus creencias, sus prioridades, sus sueños, su sociedad.

CONOCERLOS a ellos, a cada una de las personas con las que me cruzo, convivo y me relaciono en mayor o menor medida.

CONOCERME a mí misma, porque es entre ellos y en su entorno donde encuentro mis límites y mi fuerza, mis luces y mis sombras más profundas, me descubro habilidades e intuiciones que no sabía tener, y choco con intolerancias y mezquindades que creía superadas.

CONOCER de ellos y con ellos me hace avanzar, me aporta autenticidad, me transforma y me enamora.

Y por ello me pregunto cada día de mi vida: ¿qué CONOZCO en realidad?

“Sólo sé que no sé nada”        Séneca

 

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Cada choza, un mundo a descubrir, con respeto e infinita humildad